Hasta 1000 Habitantes de 1.000 a 10.000

Cabezón de Pisuerga

Cabezón de Pisuerga

Su situación, su historia, su arte, su naturaleza y su gastronomía, la convertido en uno de los municipios más bellos de toda la provincia.

El puente del S. XVI de nueve ojos nos da la bienvenida a Cabezón de Pisuerga, y una vez dentro podemos admirar la Iglesia renacentista de Nuestra Señora de la Asunción (S. XVI) y el monasterio de Santa María de Palazuelos.

Gastronómicamente es un pueblo con bastante tradición. Para empezar un buen lechazo, acompañado de vino de la tierra y con unas deliciosas pastas artesanas.

Al estar junto a la Ribera del Pisuerga, es un municipio que ofrece también la posibilidad de efectuar diversas caminatas no sólo a través de dicha ribera, sino que la ascensión hasta parte de "Los Cortados" que caen sobre el río puede hacer de un día rutinario, un día asombroso.

Cigales

Cigales

Entre un hermoso paisaje de viñedos, surge la visión del pueblo de Cigales.

Los primeros documentos que hablan de la Villa de Cigales son del siglo XII.  Poco a poco, este bello  asentamiento va creciendo y ya en los siglos XIII, XIV y XV "era grande su importancia", según se lee en las crónicas de la época.

La plaza Mayor y la Iglesia de Santiago acompañan en belleza a los edificios del Ayuntamiento y del antiguo hospital de San Juan Evangelista.

De la plaza Mayor salen calles radiales que van a desembocar al trazado de lo que fue la muralla medieval. En algunas de estas calles y en otras adyacentes se conservan todavía hermosas fachadas y casas blasonadas, testigos de la importancia que adquirió la localidad durante siglos.

Pero Cigales es mundialmente famoso por sus bodegas: construcciones tradicionales excavadas en la tierra, con zarceras —respiraderos— de piedra o de ladrillo.

Además de las bodegas hay otras construcciones también excavadas en la tierra que llenan de asombro a visitantes y curiosos. Son auténticas casas trogloditas o cuevas-vivienda que han servido de hogar familiar hasta finales del siglo XX.

Cogeces del Monte

Cogeces del Monte

Cogeces Del Monte es un hermoso pueblo plagado de rincones con encanto, y con monumentos impresionantes, como La Iglesia de la Asunción, de estilo gótico tardío del siglo XVI con tres naves con bóvedas de arista y lunetos con yeserías, y de crucería estrellada en la capilla mayor. Al exterior presenta además de su torre, una preciosa portada.

Cuenta con dos museos: el primero, el Museo de Ciencias, recoge una interesantísima colección de minerales. El segundo es “el Museo del Ayer”,  donde se muestran herramientas centenarias,  útiles, aperos y demás objetos de las costumbres y vida rural.

Y a unos tres kilómetros se encuentra una auténtica maravilla que el tiempo y la historia han convertido en lo que es hoy, pero que sigue conservando el encanto de antaño. Se trata del Monasterio de Santa María de la Armedilla, construido en el siglo XV sobre los restos de otro del siglo XII. Situado en la provincia de Valladolid.

Cogeces del Monte pertenece a la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar y está encuadrado en el Sexmo de Valcorba. Población con 730 habitantes de tradición agrícola y ganadera en la que el turismo en los últimos años está teniendo un carácter muy marcado en la localidad. Cogeces del Monte es morada del hombre desde hace milenios, concretamente desde los tiempos del Paleolítico También se ha constatado el paso de Roma por su término en numerosas monedas encontradas, entre las cuales había denarios de plata.. Los musulmanes se adueñaron seguidamente de la cuenca media del Duero y, por tanto, el emplazamiento de Cogeces del Monte, no obstante, hacia el 1085 el azote musulmán desaparece y resurge el esplendor en la zona castellana donde Cogeces es punto de mercadeo y tratado de venta de ganado.

En la actualidad no hay que negar que la despoblación va haciendo mella en la localidad, lo que hemos sabido aprovechar para ofrecer al turista la tranquilidad y la paz que se respira en la villa, así como la diversidad de rutas de senderismo que se pueden realizar (tanto a pie como bicicleta o cualquier otro modo de transporte) por sus valles, no en vano, está rodeado de tres, en los que disfrutar de por ejemplo la ruta de las fuentes o la de El Pico La Mesilla, paraje desde el que se puede visualizar varios kilómetros a la redonda, incluso hasta existen rutas urbanas para que el visitante pueda disfrutar de la arquitectura popular de la zona, pues cuenta con un nutrido grupo de viviendas (Fachadas de mampostería de piedra caliza, con techos de madera) ejemplo de la misma. La plazuela de la iglesia está formada por un grupo de casas solariegas, en la iglesia nos quedamos para explicar que es una construcción que data del siglo XVI, perteneciente al estilo gótico tardío.

También merecen reseña las bodegas, excavadas en la ladera del cerral, silenciosas moradoras que albergan siglos de historia de uvas y vino y que se han convertido en la actualidad en testigos de juegos de los más pequeños pues están rodeadas de zonas verdes, donde destaca el paraje de Fuentecita, lavadero en tiempos pasados reconvertido en parque infantil.

Dentro del término de la población pero fuera del casco urbano, contamos con el monasterio de La Armedilla, data del siglo XII, y aunque en ruinas, conserva un encanto sin igual, de gran valor patrimonial este monasterio cisterciense en un principio, fue administrado por la orden de los Jerónimos hasta su abandono a consecuencia de la desamortización de Mendizábal. Hace unos años fue declarado Bien de Interés Cultural.

Fuera del casco urbano se encuentra también el Parque Etnográfico, chozo de pastores donde se escenifica la vida de estos en siglos pasados y que forma parte de un conjunto de varias construcciones de este tipo que hay difuminadas a lo largo de la geografía del término de Cogeces.

También merecen mención el museos de Ciencias, de los más importantes de España, y el Del Ayer, donde se recoge la etnografía propia del mundo rural a lo largo del siglo pasado, ambos de titularidad particular.

Curiel de Duero

Curiel de Duero

Curiel de Duero saluda a los visitantes desde el imponente Castillo-Fortaleza de Doña Berenguela. Desde él y bajo nuestros pies,  el pueblo de Curiel describe una bella forma de media luna amoldándose a la forma del cerro. Levantando la vista, tendremos una bella panorámica del Valle del Duero y de la localidad de Peñafiel, con su castillo a la cabeza. Cuenta una leyenda que había un gigante que ponía un pie en el castillo de Curiel y otro en el de Peñafiel y bebía agua del Duero.

El pueblo está plagado de bellos rincones y monumentos, como  los restos del Palacio de los Zúñiga, construcción del siglo XV; la Iglesia de Santa María, de estilo gótico-mudéjar; la iglesia de San Martín, construcción románica del siglo XII; el Rollo Jurisdiccional del siglo XVI; o la Puerta de la Magdalena, única que se conserva de la antigua muralla del siglo XII.

Curiel de Duero cuenta además con dos interesantísimos museos: el Museo Etnográfico y la “Escuela del Ayer”, en el que se escenifica con todo lujo de detalles una escuela de principios de siglo pasado. 

Íscar

Íscar

El pueblo se halla enclavado al pie de un imponente espigón de los páramos calizos, sobre el que se asienta su vieja fortaleza. En este lugar elevado, dominando la llanura pinariega surcada por los ríos Cega, Pirón, y Eresma, construyeron los primitivos moradores de Íscar un castro fortificado hacia el año 2000 a.C.

El castillo de Íscar tiene una espectacular torre del homenaje, de planta pentagonal con contrafuertes cilíndricos, y edificado sobre excelente piedra de sillería. Todo el conjunto se encuentra hoy en día usado para la elaboración de cerveza artesana "La Loca Juana", cuya fábrica alberga el recinto en su interior. Desde este mirador natural e histórico se contemplan las más bellas vistas imaginables de la comarca Tierra de Pinares.

Pero Íscar posee otros atractivos monumentos, como la Iglesia de Santa María, de estilo románico-mudéjar  y declarada monumento nacional;  la Iglesia de San Miguel (una construcción originaria de estilo románico del tercer cuarto del siglo XI) o El Humilladero: un hermosos y pequeño templo del siglo XVI .

La Parrilla

La Parrilla

Según cuentan viejas creencias, dicen que por este bello paraje pasaban los árabes y paraban a descansar y a reposar; por lo que en aquel entonces fue conocida como La Paradilla y por derivación, dio lugar al actual nombre de La Parrilla.

Arquitectónicamente, La Parrilla cuenta con dos edificios de interés: la ermita y la iglesia. La primera, en honor de San Francisco de San Miguel, tiene una fachada de piedra y ladrillo con una espadaña que remata su fachada y en el interior se conserva la talla del santo. La segunda es la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, un edificio gótico del siglo XVI realizado en piedra en el que destacan el retablo mayor y una buena talla de un Cristo. 

La Santa Espina

La Santa Espina

La Santa Espina es un territorio donde la historia, en su pasar, ha dejado maravillosos vestigios: un pueblo de colonización y un imponente monasterio circundados por el monte de encinas y quejigos característico de la comarca de los montes de Torozos y una gran biodiversidad natural.

Tiene su máximo exponente y activo turístico en el Monasterio que da nombre al pueblo, el de la Santa Espina. Su fundación,  allá por el 1.147, año en el que llegaron los monjes cistercienses. Las capillas de su iglesia, su sala capitular o sus dos claustros dejan fascinados a todos los visitantes.

El pueblo de La Santa Espina se diferencia del resto de pueblos castellanos tanto en su construcción como en su distribución. A lo largo de sus dos calles y en sus plazas siempre hay algo que destacar, y alguien a quien recordar: vecinos de la localidad, artistas castellano-leoneses... La Plaza de San Isidro recibe este nombre del patrón de la localidad: San Isidro Labrador. Es un pequeño y alegre rincón que siempre encontrarás decorado con flores.

Pero además, La Santa Espina tiene decenas de atractivos para disfrutar. Sólo por mencionar algunos de ellos, el Museo de Aperos, la Casa de la Naturaleza, la escultura de Lorenzo Duque, la exposición de mariposas, la escuela de capacitación agraria, etc.

 Y sobre todo, el entorno privilegiado que permite disfrutar de la belleza de la naturaleza como en pocos lugares y unas rutas espectaculares en el embalse del río Bajoz.

Matapozuelos

Matapozuelos

Lo primero que llama la atención es la inmensa torre de la Iglesia de Santa María Magdalena. Es un edificio del siglo XVI, aunque la portada y la torre son del XVIII. Está declarada bien de interés cultural.

Otra bella construcción es la Ermita de Sieteiglesias. El entorno donde se encuentra es un pequeño paraíso, gracias a la cercanía del río y a la exuberante vegetación.

Pero Matapozuelos no es solo bello en su conjunto, por sus monumentos o su entorno; sino también por la gastronomía. Matapozuelos  es la “capital del conejo”, título que ostenta desde hace diez años. La iniciativa de un hostelero del municipio, secundado después por otros establecimientos, logró identificar la especialidad de la carne de conejo a la brasa con esta villa.

Medina de Rioseco

Medina de Rioseco

Medina de Rioseco, declarada Conjunto Histórico, presume de tener uno de los más ricos legados patrimoniales de Castilla y León. El Casco Histórico riosecano, con la magnífica Rúa y sus emblemáticos soportales, constituye una de las joyas de la arquitectura urbana de la región.

Muchas de sus calles poseen soportales, destinados a albergar las mercancías de los mercaderes que acudían a sus famosas ferias. Los conjuntos mejor conservados se sitúan en la Calle Mayor, también conocida como La Rúa, la Calle de La Sal y la Calle de Los Lienzos.
La ciudad aún conserva un interesante conjunto de viviendas construidas siguiendo las normas de la arquitectura popular de Tierra de Campos. La mayoría construidas a base de ladrillos de adobe, que cierran los huecos del entramado de vigas de madera. Con pisos volados sobre canecillos mudéjares lobulados o aquillados, propios de las viviendas de los siglos XV, XVI y XVII. Algunas residencias de familias más pudientes y los edificios civiles lucen hermosos blasones en sus fachadas.

Sus importantes monumentos y colecciones de arte sorprenden al viajero. Famosas son sus iglesias de porte catedralicio, como la Iglesia de Santa María de Mediavilla, la Iglesia de Santiago Apóstol, la Iglesia de Santa Cruz, la Iglesia de Santa Clara, el Convento de San José, la Ermita de Castilviejo; o la arquitectura militar del castillo y la muralla de la ciudad. 

Montealegre de Campos

Montealegre de Campos

La situación geoestratégica en el límite norte de los Montes Torozos hace que podamos apreciar distintos paisajes en un mismo pueblo.

Montealegre ofrece en su interior una vista digna de admirar. Para empezar la preciosa Calle Mayor, con interesantes casas de adobe y la mayoría de piedra, con su ayuntamiento a la cabeza. Una de las calles a la derecha nos conduce hasta una de los dos iglesias que hoy se pueden contemplar, la de Santa María del siglo XVI y construida en piedra; y la de San Pedro, del siglo XVII.

Y siguiendo, nos toparemos con el edificio más importante, el castillo-fortaleza de los siglos XIV-XV. Tiene tres plantas con un enorme patio interior. Es de planta cuadrada, con muros de hasta cuatro metros de espesor y 20 de altura, en el que cabían hasta 2.000 guerreros.

Ya a las afueras del núcleo histórico nos encontramos con el último de los edificios relevantes de Montealegre, como es la Ermita de Nuestra Señora de Serosas, la que también es conocida como "la estrella de Campos". Con todo este elenco monumental, un pueblo como Montealegre era de esperar que fuera declarado Conjunto Histórico-Artístico.

Montemayor de Pililla

Montemayor de Pililla

A unos 30 kilómetros de Valladolid, en lo alto del páramo de la Churrería, mirando tímidamente hacia el arroyo Valcorba, a quien deja caer parte de sus tierras, se encuentra este pueblo de grandes perspectivas, ya que su situación es privilegiada porque deja ver ante sí un amplio panorama.

 Por Montemayor de Pililla discurren varios arroyos, entre los que se hallan el Valcorba, el Valdecelada o Las Adoberas

Dentro del pueblo, el edificio de más alto abolengo es la iglesia de Santa María Magdalena. Se trata de un bello templo de piedra con torre construido en el siglo XVII. Su frontón de piedra de sillería, por ambas caras, es único en la provincia.

La Ermita del Humilladero, el frontón de una sola pared, junto al ayuntamiento y la Cruz del Pico son otros atractivos indispensables de Montemayor de Pililla.

El visitante va a descubrir el paisaje que Montemayor tiene a su alrededor, como el lugar conocido como "La Hontana", con un hermoso merendero. Sin olvidar la espesa vegetación que se condensa en todo el municipio, como choperas, pinares, robledales o encinares.

Por último, que nadie abandone el pueblo sin haber probado tan siquiera uno de los buenísimos bollos de piñón.

Nava del Rey

Nava del Rey

Nava del Rey está situada en las inmensas llanuras del sudoeste de la provincia, rodeada de la belleza de pinos y viñedos.

 Sobresale la enorme torre de la Iglesia parroquial de los Santos Juanes conocida como la "Giralda de Castilla". Construcción realizada entre los siglos XVI y XVIII en estilo predominantemente renacentista, aunque también podemos observar el estilo gótico existente en la cabecera, en el barroco de la sacristía y la torre.

En la parte trasera de esta iglesia, se ubica la Ermita de la Vera Cruz, edificio barroco del siglo XVII, con espadaña. En su interior guarda diversos pasos de la Semana Santa como el "Jesús Nazareno" o el "Ecce Homo".

Frente a la iglesia, se encuentra el Ayuntamiento, un sobrio edificio del siglo XVIII de estilo barroco. Otros edificios de interés son, el Convento de las Hermanas Capuchinas de los Sagrados Corazones, el antiguo Convento de los Padres Agustinos,  el Hospital de San Miguel y la Ermita de Nuestra Señora de la Concepción, construida originariamente en el siglo XVI en estilo gótico, con añadidos barrocos. Allí se halla un precioso merendero, perfecto para completar un magnífico día y realizar fantásticas fotos.

Olmedo

Olmedo

 A la Villa de Olmedo se la conoció con el apelativo popular de los "siete sietes", pues tuvo siete iglesias, siete conventos, siete plazas, siete fuentes, siete arcos o puertas de entrada, siete pueblos dentro de su alfoz y perteneció a siete casas de realengo, pero sobre todo es conocida universalmente por la inmortal obra de Lope de Vega, "El Caballero de Olmedo": "Quien señor de Castilla quiera ser, a Olmedo de su parte ha de tener".

Entre los lugares fundamentales de Olmedo están el Parque Temático Mudéjar de Castilla y León. Pero Olmedo tiene dentro de sí decenas de monumentos, edificio y rincones singulares como el Monasterio de la Concepción, con su  reja románica en forma de mariposa; la Iglesia de Santa María del Castillo, construcción gótica del siglo XVI con su famoso relicario del siglo XVI que contiene 49 bustos con reliquias en su interior;  la actual sede del Ayuntamiento, antiguo convento de Nuestra Señora de la Merced Descalza; el antiguo ayuntamiento, actual Casa de la Villa; el Palacio de la Chancillería o Torre del Reloj; el templo de San Miguel; la Casa de los Dávila; la Iglesia de San Andrés, (mudéjar del siglo XIII) declarada monumento histórico artístico; el Monasterio de Madre de Dios; la escultura del Caballero de Olmedo y el recurso turístico "El Palacio del Caballero"; el antiguo lavadero o la fuente del Caño Nuevo son sólo algunas de las paradas obligadas.

El municipio cuenta además con aguas mineromedicinales en el Balneario Villa de Olmedo y un entorno privilegiado para disfrutar de la naturaleza.

Peñafiel

Peñafiel

Cualquier momento es bueno para visitar Peñafiel, descubrir sus monumentos centenarios y ver la Plaza del Coso, un recinto que data de la época medieval y que sigue albergando festejos taurinos ahora, en pleno siglo XXI. No es necesario que sea fin de semana para caminar por las estrechas calles de la villa y disfrutar del olor procedente de la madera quemada que calienta a los peñafielenses durante el invierno. Tampoco es imprescindible que sea verano para degustar un lechazo al horno de leña regado con los mejores caldos de la Ribera del Duero

Peñafiel es, en sí mismo, un auténtico museo al aire libre. No obstante, el visitante puede acercarse a la cultura y al arte peñafielenses adentrándose en cualquiera de sus  museos como el archiconocido Museo Provincial del Vino, ubicado en el espectacular castillo, el Museo de Arte Sacro, el Aula de Arqueología o la Casa de la Ribera y Cosovisión

Peñaflor de Hornija

Peñaflor de Hornija

Pueblo de la provincia de Valladolid de unos 300 habitantes aproximadamente.

Está situado a 25 Kms de la capital en el páramo de los Montes Torozos  por el que pasa el Camino de Santiago que viene desde Madrid.

Tiene un albergue y dos bares. Se puede  visitar su  Iglesia, una Ermita y restos de la Muralla del siglo XIV.

También tiene  unas vistas espectaculares de los  valles en todo su alrededor por los que discurre el río Hornija.

Portillo

Portillo

Portillo es un enclave excepcional de Castilla y León. Destaca su excepcional castillo del siglo XV y el «mirador de Portillo» desde el que se consiguen unas de las vistas más espectaculares de la región, al obtener una impresionante panorámica de los distintos pueblos del entorno, del Cerro de San Cristóbal, de parte de la ciudad de Valladolid, del inmenso mar de pinares del Valle del Duero y del castillo de Íscar que se distingue hacia el Sur.

Portillo no es sólo un pueblo bello por cómo se ve, sino por lo que se ve desde él. Portillo conserva también  parte de sus «murallas» de piedra del siglo XIII que aún conserva una de sus puertas de entrada.

Portillo cuenta aún con tres de las siete hermosas iglesias que llegó a tener: La de Santa María (siglo XVI), la de San Esteban (reedificada en el siglo XVIII), y la de San Juan Bautista, (del siglo XVI) y actualmente convertida en bar.

Portillo resulta un pueblo acogedor, en el que poder pasar varios días disfrutando de su arte, su cultura y su entorno, con unas vistas que quedarán fijas en la  retina del visitante para siempre.

Quintanilla de Onésimo

Quintanilla de Onésimo

Quintanilla de Onésimo disfruta de una belleza singular, no sólo por sus edificaciones, sino también por su localización, su entorno paisajístico y su relación con el Duero.

Entre su caserío se levanta la Iglesia de San Millán, de estilo renacentista, del siglo XVI, de la cual se conserva con gran orgullo el ábside y el retablo manierista de Jerónimo Vázquez y Giralte.

También en la calle central del pueblo, antigua carretera nacional que une Valladolid con Soria, se encuentra la Ermita de San Roque, también renacentista y del siglo XVI, con una talla de Cristo de tamaño mayor de lo normal del mismo siglo, así como tres esculturas de papelón de relicarios.

Otros edificios de interés son la Casa de Cultura: antiguo caserón del siglo XIX, de piedra junto al río, propiedad de los marqueses de Pesquera en su tiempo, y el antiguo molino.

Como monumento de gran interés, está el puente renacentista del siglo XVI que sirve para unir las poblaciones de Olivares de Duero y Quintanilla. Es el único puente sobre el Duero desde Tudela hasta Peñafiel.

En su entorno se conservan antiguas tejeras, chozos de pastor y un silo de grano, y es peculiar el conjunto de  Fuente de la Aceña, formado por un molino del siglo XVI y una antigua fábrica de harinas. En Quintanilla de Onésimo arranca el Canal del Duero, junto al puente renacentista. El río mismo posee un gran encanto paisajístico y natural, con un excelente bosque de Ribera y dos islas fluviales, una de ellas unida a la orilla mediante pasarela.

La localidad ofrece la posibilidad de realizar tres rutas de senderismo: la ruta entre el río y el Canal del Duero, (que nace en el centro del pueblo); la ruta del monte, que sigue el trayecto de una antigua cañada; y la ruta de la Ribera, siguiendo el curso del río. Durante estas rutas, se pueden hacer unas magníficas fotos en el canal o en el río, desde los páramos.

Simancas

Simancas

El conjunto urbano de Simancas –declarado Conjunto Histórico Artístico- se eleva sobre un pequeño montículo que se abate y se deja caer sobre una de sus laderas hacia la orilla del Pisuerga. Destaca  el Archivo Histórico-Nacional (siglo XV), considerado como uno de los archivos históricos más importantes del mundo.

El entramado urbano de Simancas es un laberinto de hermosas calles pequeñas, recortadas y estrechas donde nos toparemos con  otros edificios de relevancia, como la Iglesia del Salvador;  la fachada del ayuntamiento, de estilo neoclásico del siglo XVIII, o la fachada del hospital de estilo renacentista del XVI.

Desde el mirador de Simancas se puede contemplar una increíble perspectiva de la Ribera del Pisuerga, y un espectacular horizonte que deja contemplar la silueta de la Cordillera Central. Justamente en la Ribera del Pisuerga  se ubica otra de las principales construcciones de la localidad: el impresionante puente medieval de diecisiete arcos, orgullo de la localidad.

Tiedra

Tiedra

Tiedra se sitúa en las estribaciones occidentales de los montes  Torozos, justo donde la paramera se derrumba estrepitosamente dibujando una imaginaria frontera entre la Tierra de Campos y el Campo de Toro. Este dominio visual sobre interminables kilómetros de planicie, hizo que los Vacceos habitaran el lugar, mediado el primer milenio a.C., y establecieran una ciudad que la romanización llamó Amallóbriga.

A partir de la Edad Media, la villa será moneda de cambio frecuente en las alianzas de reyes, nobles, obispos y señores.

 La actividad comercial y la bonanza económica de sus habitantes a finales del siglo XIX y principios del XX, llena las calles de edificios desmesurados.

 En Tiedra hoy se resumen con toda claridad los devenires históricos y artísticos de los reinos de León y de Castilla. Un lugar de visita obligada, para recorrer con tranquilidad. Imprescindible visitar en Tiedra, entre otros,  su magnífico castillo y su torre del homenaje, la ermita de Nuestra Señora de Tiedra Vieja, la Iglesia del Salvador, o la Plaza Mayor donde sorprende el Ayuntamiento: un hermosísimo edificio de silería y ladrillo donde se yuxtaponen elementos arquitectónicos inspirados en diferentes estilos artísticos. 

Tordesillas

Tordesillas

Tordesillas conserva con orgullo vestigios de la muralla de piedra y ladrillo que rodeaba esta hermosa población y  su puente medieval en piedra de sillería con diez ojos de arco apuntado y tajamares en los pilares. Pero si algo llama la atención en esta villa es su entramado urbano. Se organiza a partir de dos calles perpendiculares que, siguiendo el esquema de los campamentos romanos, terminan en la plaza Mayor; uno de los mejores ejemplos de plaza típica castellana. Su estructura actual data del siglo XVII. Es un perfecto cuadrado al que acceden las entradas de cuatro calles. Está toda ella porticada y las casas de dos pisos de altura tienen abajo los locales de las tiendas. Las fachadas presentan grandes ventanales y balcones, diseñados especialmente para presenciar desde ellos las fiestas y los espectáculos.  Entre otros tesoros indispensables de Tordesillas hay que resaltar la Iglesia de Santa María, las Casas del Tratado de Tordesillas y el Palacio fortificado de los Alderete.

Urueña

Urueña

Esta pequeña localidad, ubicada en las estribaciones de los vallisoletanos Montes Torozos, ha sido incluida en el selecto club de "Los pueblos más bonitos del país" y propuesta para el "Premio del Paisaje del Consejo de Europa". A su rico patrimonio histórico y su hermoso paisaje añade el mérito de ser la única Villa del Libro de España

En la salida 211 de la carretera de La Coruña está el lugar al que, según escribió con música el poeta Antonio Colinas, “van a morir las arias de Händel”. Esta bella descripción hace plena justicia a un rincón de Castilla y León, Urueña, en el que pueden contemplarse los atardeceres más espectaculares y melancólicos, los amaneceres más puros y los cielos más estrellados.

En un pueblo pequeño como este pero con los amplísimos horizontes a los que se abre, dotado de un castillo del siglo XI y unas murallas construidas entre el XII y el XIII, se puede disfrutar más que en cualquier otro lugar de toda esa historia concentrada.

Pasear por sus calles y corros, en medio del silencio y la paz de una localidad bien comunicada pero no atravesada por carreteras, es recrear la vida sencilla de las gentes que antaño habitaron esta estepa cerealista, que supieron vivir de lo que la naturaleza ofrecía, de esos campos de cultivo sin fin, de los duros encinares. Todo ello puede apreciarse en la arquitectura popular de adobe y en elementos como los palomares o los chozos de pastor, de los que aún sobreviven algunos ejemplos.

Urueña es tierra de cisqueros, de campesinos y pastores, de recolectores de hierbas aromáticas y medicinales, pero también de señores y señoríos que han marcado su historia, reyes como Fernando I el Magno, a instancias del cual se construyó su castillo, o Alfonso VII, cuya hermana, la infanta Sancha, señora de Urueña, ordenó amurallarlo.

La fortaleza es, desde el siglo XIX, el cementerio del pueblo, un caso no único pero raro que es otra de las singularidades de este pueblo tan singular. En lo que respecta al entramado urbano, varias casonas aún en pie, alguna del siglo XVI, reflejan también el poderío que antaño tuvo la pequeña localidad, fronteriza y en lid entre los reinos de Castilla y de León, lo que propició que fuera dotada de esa potente muralla que ocho siglos después aún abraza protectora las siete hectáreas que ocupa su viejo caserío de teja árabe.

Para los amantes de la naturaleza son recomendables los paseos por alguno de los múltiples caminos que surcan los campos, los valles y el monte de Urueña. El que baja a la ermita es uno de ellos, y puede continuarse al este por el llamado Valle Largo, a poniente por el que recorre los campos a los pies de la Muralla o, en sentido ascendente, hacia la carretera de San Cebrián y a los altos, con unas de las mejores perspectivas de la villa murada.

En todas las épocas del año Urueña tiene el encanto de la naturaleza que se percibe en todo su esplendor, desde la claridad de la nieve hasta el dorado de los campos en verano, pasando por una exuberante primavera que tiñe de verde el paisaje y lo salpica con el rojo, amarillo, blanco y violeta de las flores. El olor a tomillo, lavanda y otras plantas aromáticas abundantes en los montes, o el de la siega, despiertan los sentidos en este rincón de Castilla, lugar de reyes, reino de las aves. Y si se tiene la suerte de oír el grito de la lechuza al sobrevolar las murallas o el canto del ruiseñor en la arboleda bajo la Puerta de la Villa, o cerca de la ventana al despertar, la experiencia puede ser inolvidable.

Como proclamó Charlotte Brönte en un poema que parece escrito para Urueña, “el placer verdadero no se respira en la ciudad”. “Ve, siéntate en una saliente de la montaña/ y mira el mundo a tu alrededor;/ las colinas y las hondonadas,/ el sonido de las quebradas,/ el lejano horizonte atado.// Luego mira el amplio cielo sobre tu cabeza,/ la inmóvil, profunda bóveda de azul,/ el sol que arroja sus rayos dorados,/las nubes como perlas de azur.// Y mientras tu mirada se pose en esta vasta escena/ tus pensamientos ciertamente viajarán lejos,/ aunque ignotos años deberían atravesar entre/ los veloces y fugaces momentos del Tiempo”.

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