El Pueblo más bello

Ágreda

Ágreda

La denominada Villa de las Tres Culturas se asienta en las faldas del Moncayo y, como él, hace de linde entre Castilla y Aragón. Ágreda fue deseada por castellanos, navarros y aragoneses, y constituyó un lugar de encuentro para la cultura árabe, judía y cristiana, cuya presencia y coexistencia quedó inmortalizada en muchas de sus calles.

Prueba de ello es el todavía llamado Barrio Moro (antigua morería) con sus arcos de herradura Emiral y Califal, la Sinagoga judía enclavada cerca de la iglesia románica de la Peña (actual museo comarcal de Arte Sacro), la multitud de iglesias de distintos estilos, los tres torreones defensivos, las murallas y sus múltiples puertas y arcos. De apreciar también serán las hermosas casas solariegas, vestigio de la herencia nobiliaria de otros siglos, y el palacio y jardín de los Castejones, majestuoso edificio renacentista edificado para hospedar a nobles y reyes.

Digna de mención y visita obligada, es la figura de Sor María de Jesús de Ágreda. Mística del s. XVII, gran escritora del Siglo de Oro, consejera del rey Felipe IV y evangelizadora de Nuevo México mediante el don de la bilocación. Su cuerpo incorrupto y su museo pueden visitarse en el Convento de la Concepción.

Y para relajar la mente y disfrute de los sentidos, agradable será el paseo por el Hayedo del Moncayo, el parque de la Dehesa (gran alineación de castaños de indias), el paseo del Puente Caña o por el paseo de los Molinos, donde se comprende a la perfección la estratégica ubicación de Ágreda.

Ubicación y población que no deja indiferente al viajero que se acerca a ella y que no puedes dejar de visitar. 

Almazán

Almazán

Por esta villa han pasado gentes y acontecimientos de todas las épocas: del primitivo lienzo árabe apenas quedan algunos cimientos y el significado del nombre de la villa, “La Fortificada”. Sin embargo, sí conserva los restos de un siglo XII cristiano afianzado en tres de las cuatro puertas (de Herreros, del Mercado y de la Villa).

Fue ciudad de avanzadilla, fue frontera primero entre el mundo árabe y el cristiano y después punto de litigio entre los reinos de Aragón y Castilla. Las batallas de unos y otros la convirtieron en espacio de choque y devastaciones: una ciudad que fue pasto de las disputas y sintió en sus carnes de límite las dentelladas de las luchas repetidas. Mora, cristiana, repoblada, sitiada, sometida, arrebatada... vivió su destino guerrero hasta un siglo XIV que trajo la llamada Paz de Almazán entre Aragón y Castilla, en una firma que traería un tiempo de privilegios y medidas protectoras para aquella villa con título de comunidad municipal en la que las armas habían luchado durante tanto tiempo.

Pero no fue sino de la mano de los Reyes Católicos cuando Almazán alcanzara un protagonismo histórico que conservaría hasta bien entrado el siglo XIX, prolongándose un tiempo de esplendores para la localidad poco acostumbrada a la tranquilidad. Convertida en Corte en numerosas ocasiones, fue residencia de la familia real repetidamente, viendo así desfilar por sus días una galería de monarcas e infantes que van desde Isabel y Fernando hasta Felipe II y III, pasando por el príncipe Juan y su esposa Margarita de Austria.

La convivencia, tensa o serena, impregnó sus huellas a las casonas, las iglesias y los palacios, cuya apretada presencia es el motor de su importante atractivo turístico.

El casco antiguo va ascendiendo por la colina hasta el Cerro del Cinto, donde una panorámica atrapa fotogramas perforados por la hermosura.

Para abrir boca en el recorrido adnamantino, nada mejor que empezar por una plaza Mayor que concentra arquitectura civil y religiosa. La Puerta de la Villa da la entrada a este bello recinto, donde el Palacio de los Hurtado Mendoza alza su imagen gótico-renacentista. Una de las alas del palacio alberga el Centro de Recepción de Visitantes, que da cobijo a un tríptico que se le atribuye a Memmling.  La iglesia de San Miguel ocupa una esquina de la plaza. 

Pero pasear por la villa es ir encontrándose de frente con los relicarios de la historia y el arte: un desfile con fuertes sabores medievales en el postigo de Santa María, nobles caserones en la calle de las Monjas, el Convento de las Clarisas, la iglesia barroca de San Pedro, la ermita de Jesús, los restos del convento mercedario donde muriera Tirso de Molina... y un pueblo salpicado de bares y restaurantes por el que saborear caza, codillo o cocido, entre algunos de los platos de esta tierra célebre por el dulce de sus yemas y paciencias.

Fue aquí donde nació el jesuita Diego Lainez, uno de los fundadores de la Compañía de Jesús y clérigo tan influyente como para rechazar ser Papa y suspender la sesión del Concilio de Trento si caía enfermo.

Es aquí, en esta villa capaz de aunar modernidad y tradición, donde se acomodan industria, artesanía, agricultura y ganadería, en tanto que no se olvidan costumbres tan ancestrales como el Zarrón, que cada 17 de mayo trae ritual antiguo durante las fiestas en honor a San Pascual Bailón. La fiesta viene a coincidir en el tiempo con la Feria Regional de Muestras, que empezó siendo agrícola y ha terminado por sumar artesanía, muebles, alimentación y ocio. Y si quiere intuir emociones, pida que le expliquen cómo arranca, el primer domingo de septiembre, la explosión de fervor y traca en la Bajada de Jesús.

Arcos de Jalón

Arcos de Jalón

En el suroeste de la provincia orientando las aguas que riegan sus tierras a la vertiente del Ebro, la localidad de Arcos toma el apellido de un río, el Jalón, que tiene sus fuentes a los pies del monte llamado Agudillo en la sierra Ministra, unos pocos kilómetros al sureste.

El Jalón llanea y se encaja encañonado entre Lodares y Somaén para entrar en Aragón convertido en uno de los tributarios que más aporta al río del que es gregario. Recorre geologías terciarias de suaves elevaciones y pequeños valles excavados por los ríos y arroyos de la zona, y alguna laguna estacional como la de Judes.

Dos espacios naturales incluidos en la Red Natura 2000 definen por el sur estas tierras de sabinas albares y páramos que recorre el GR 86: los Sabinares del Jalón y el Páramo de Layna, y entre ellos campos de cereal y pastizales habitados por pequeños mamíferos y aves esteparias, alguna de ellas de gran importancia ornitológica como la Alondra de Dupont.

Estamos en la vía natural de comunicación entre la meseta y el valle del Ebro transitada y elegida como lugar de asentamiento por los pobladores y culturas que a lo largo de la historia han habitado el norte peninsular y dejado su impronta y testimonio en esta región.

Se han identificado en el entorno yacimientos arqueológicos de grupos itinerantes o estables desde el Paleolítico hasta las culturas del Campaniforme, del Bronce y del Hierro. Arcobrigenses es el gentilicio de los vecinos de Arcos, que algo tuvieron que ver con la Arcobriga celtíbera, localizada a muy pocos kilómetros de aquí. 

Por este territorio discurría, siguiendo el valle del Jalón, la calzada romana XXIV del Itinerario de Antonio entre Emérita Augusta y Cesaraugusta.

Algunos hallazgos hablan de la presencia del mundo visigodo, formó parte de la Marca Media en época califal, tierras de frontera y cabalgadas del Cid y punta de lanza en el avance hacia el sur de los reinos cristianos y de sus lizas territoriales en La Raya. De ello nos habla un castillo enclavado en lo más elevado de la villa que incorpora en su fábrica hiladas de ladrillo entre la mampostería, y la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora que conserva entre sus muros rasgos estilísticos del Gótico, del Renacimiento y del Barroco.

Con la llegada del ferrocarril a finales del siglo XIX la localidad se convirtió en un importante punto de comunicaciones y depósito de locomotoras.  En la estación se conserva una de las escasas locomotoras de vapor fabricadas en España.

Berlanga de Duero

Berlanga de Duero

La villa de Berlanga de Duero está declarada Conjunto Histórico-Monumental y tiene un patrimonio monumental envidiable. Su origen es celtibérico y luego romano. Su nombre proviene del asentamiento romano "Augusta Valeránica". Durante la Alta Edad Media jugó un importante papel en la famosa línea fronteriza del Duero -como San Esteban de Gormaz, Osma, Gormaz, y Medinaceli- entre cristianos y musulmanes.

Entre su rico patrimonio cabe destacar el castillo, actualmente en ruinas, que data del siglo XV, si bien, fue construido sobre una fortaleza musulmana del siglo X de la que no se conservan restos. Está formado por gruesos muros que rodean la torre del homenaje.
En la actualidad, el interior del castillo está dividido en dos patios. Uno junto a la entrada principal y el otro, en el que se localizan el pozo y el aljibe, donde se desarrollaría la zona palacial con una galería porticada de columnas góticas.
Un segundo recinto corresponde a una muralla levantada alrededor del castillo medieval, construida conforme a la traza renacentista que aún mejora el carácter de protección del palacio que se erigirá a sus pies.

La colegiata de Santa María del Mercado de estilo Gótico-renacentista fue construida en cuatro años (1526-1530) por el arquitecto Juan de Rasines. Su planta consta de tres naves centrales elevadísimas y crucero; fuertes columnas cilíndricas sostienen las bóvedas, de rica tracería.
Esta Colegiata fue un ejemplo a seguir para muchas otras iglesias por su concepto del espacio y por la pureza de sus líneas. La capilla mayor, en planta de Cruz griega, está acompañada por ocho capillas cerradas con crucería simple, destacando la de los Coria, de planta octogonal, y el sepulcro central de los Bravo de Laguna, renacentista.
Destacan los retablos y tallas de las capillas de Santa Ana y de los Coria de los siglos XV y XVI respectivamente. El Altar Mayor está presidido por la talla de Nuestra Señora del Mercado, escultura tardorrománica del siglo XII. En uno de los muros permanece colgado un cocodrilo disecado que fue traído a Berlanga por Fray Tomás desde las Islas Galápagos descubiertas por él.

En la falda del Castillo aparece la fachada principal del que fue palacio de los Marqueses (S.XVI) de Berlanga. Hoy convertido en un Edificio multifuncional que integra oficina de turismo, centro de interpretación y un mirador desde el que se divisa toda la localidad.

El Centro de Interpretación de San Baudelio ofrece al visitante una información completa y variada de la Ermita mozárabe de San Baudelio, situada en la cercana Casillas de Berlanga.
Este Centro de Interpretación, ubicado en el antiguo matadero de Berlanga de Duero, cuenta con paneles explicativos, audiovisual, maqueta de la ermita y una gran foto de la palmera; además también dispone de una última zona con actividades didácticas e imágenes de la provincia y la comarca que ayudan al visitante a conocer la historia, la arquitectura, las pinturas y el entorno de la Ermita de San Baudelio.

El personaje más ilustre del pueblo fue Fray Tomás de Berlanga, Obispo de Panamá, introductor en América del plátano africano y descubridor del archipiélago de Colón o de los Galápagos. Fue nombrado por Carlos I árbitro entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro, para determinar sus respectivas gobernaciones. 

Covaleda

Covaleda

El término municipal de Covaleda se encuentra entre las estribaciones de la Sierra de Urbión y las de la Sierra de Resomo, dentro del partido judicial de Soria, en la comarca de la Sierra Norte de Pinares, provincia de Soria.

La altura media sobre el nivel del mar es de 1.214 metros y la distancia a la capital de provincia es de 50 kilómetros.

La superficie del término municipal es de 10.566 hectáreas y supone casi el 6,9% de la total de la zona de Pinares, que alcanza las 152.000 hectáreas.

La topografía del municipio es muy irregular, debido a que se encuentra entre dos sierras y al hecho de que lo atraviesa el río Duero de Noroeste a Sureste.

Es Covaleda pueblo próspero y bien cuidado, con construcciones recientes, pues sufrió un incendio a principios del siglo XX (año 1923) en el que desaparecieron casi todas las casonas antiguas. Está bañado por el Duero, cuyo paso es aprovechado por dos meritorios puentes, el de Soria y el de Santo Domingo, para unir sus orillas. En cuanto a la arquitectura local, destacar la iglesia gótica de San Quirico y Santa Julita.

Esta localidad pinariega abre un abanico infinito de sendas y rincones por los densos bosques y sierras que la circundan. Montes que esconden parajes como Ambas Cuerdas, Bocalprado, Tejeros o la Piedra Andadera a la que basta empujar con una mano para mover su tonelaje por una extraña ley física, así como el pino más grande de toda la comarca de pinares denominado Pino Rey que se encuentra en la senda de los abuelos del bosque, por la concentración de pinos milenarios que hay en esa zona.

El Burgo de Osma

El Burgo de Osma

Los orígenes de El Burgo de Osma se remontan al primitivo asentamiento arévaco de Uxama, enclave que, siglos después, sería sometido bajo la jurisdicción romana.

La formación del núcleo actual de El Burgo de Osma se fraguó a partir del año 1101, cuando el obispo Pedro de Bourges (San Pedro de Osma) eligió como sede catedralicia un monasterio ubicado junto al río Ucero, hecho que favoreció el florecimiento de un próspero burgo de comerciantes y artesanos. Esta situación privilegiada se prolongaría durante siglos, llegando en época renacentista a poseer un centro universitario.

El Burgo de Osma, antigua y monumental ciudad episcopal, se sitúa al pie del río Ucero y ofrece uno de los recintos medievales mejor conservados de toda la provincia soriana. No en vano, la ciudad ha sido declarada Conjunto Histórico-Artístico.

Plaza Mayor. Barroca del XVIII y de planta cuadrada alberga el magnífico edificio del Hospital de San Agustín en uno de sus extremos, en el otro la Casa Consistorial y en los lados típicas casas castellanas con soportales, es el centro neurálgico de la vida cultural y social de la villa burgense

Hospital de San Agustín. Finalizado en 1704 y bajo el mecenazgo del obispo Arevalo y Torres es declarado BIC con categoría de Monumento y hoy día centro cultural y sede de la Oficina de Turismo. El imponente edificio tiene dos  magníficas torres decoradas con escudos del donante y rematadas con chapiteles, su ornamentación de bolas, pirámides y rombos de sabor herreriano armoniza con el mejor barroco castellano.

Ayuntamiento. La Casa Consistorial reproduce el esquema estructural del hospital con humildad y sencillez. En el cuerpo central dos plantas de galería adintelada, la inferior con columnas toscanas procedentes del Ayuntamiento medieval. Las torres de tres cuerpos y los remates de las mismas con chapitel sencillo y en el centro reloj, campanillo y veleta quieren emular la hornacina de San Agustín del hospital frontero.

Calle Mayor porticada. Es la arteria principal de la villa que comunica dos espacios y aun cabría decir dos épocas distintas: la medieval Plaza de la Catedral con la dieciochesca Plaza Mayor. Es la principal calle comercial donde se sitúan los bares más típicos y aquellos mesones de inconfundible sabor castellano donde degustar las tapas más tradicionales acompañadas con los mejores vinos de nuestra Ribera de Duero.

Catedral. Además de su sorprendente monumentalidad hay dos cosas que nos impactan al contemplar por primera vez la seo burgense: la magnífica portada principal del mejor y más puro estilo gótico clásico y la imponente y majestuosa torre barroca. Una vez dentro tendremos tiempo para descurbir los tesoros artísticos de varios estilos que desde el románico más puro al más reciente neoclásico guarda con celo la catedral de Ntra. Sra. de la Asunción.

En esta localidad es posible degustar una suculenta gastronomía, que tiene en los productos típicos de la matanza sus mejores aliados. Para degustarlos, lo más aconsejable es acudir a las jornadas rito-gastronómicas de la matanza.

Medinaceli

Medinaceli

Medinaceli está declarada Conjunto Histórico Artístico. Ganadora del Premio Municipio Turístico de la Provincia de Soria en dos ocasiones. Su patrimonio es vasto: celtas, romanos, cristianos y árabes dejaron sus huellas en esta villa. Aconsejamos al viajero que callejee por sus estrechas calles y se deje trasladar a épocas pasadas.

No obstante, nos permitimos proponer un recorrido:

ARCO ROMANO
Es el único arco romano de triple arcada que se conserva en la península.Su construcción data del siglo I d.C.

Desde este punto la panorámica es excelente. Puede contemplarse el cerro de la Villa Vieja, el cidiano valle del Arbuxuelo y el del Jalón; también las salinas.

CASTILLO
La estratégica situación de Medinaceli, hizo que todas las civilizaciones tuvieran gran interés por ella. El primitivo asentamiento celtíbero pasó a manos de los romanos, árabes y cristianos después.  Aragoneses, castellanos y navarros se la disputaron a finales del Medievo.
El actual castillo de Medinaceli aprovecharía para su construcción la ubicación y estructuras de la Alcazaba árabe. Erigido posiblemente en el siglo XIV por los primeros Condes de Medinaceli, reforzaba las defensas del enclave amurallado.

MURALLA
Los arranques de esta construcción defensiva se entrelazan con la cimentación del arco, y desde aquí, bordean el perímetro de la plataforma en que se asienta Medinaceli.
En algunos tramos pueden verse los típicos sillares lisos de grandes dimensiones de las murallas diseñadas por los maestros de obra romanos.
El arco y los 2.400 metros de murallas que cerraban la urbe, constituían un conjunto defensivo inexpugnable para los enemigos de Roma y de esta ciudad.
La dominación árabe supuso también la reutilización y reconstrucción de las defensas de la ciudad por orden de Abderramán III.
Lo mismo hicieron los ocupantes de los reinos hispanos. En el siglo XII de nuevo se dotó de funcionalidad al conjunto defensivo y sus estructuras.

PUERTA ÁRABE
De los cuatro accesos murados que tuvo la ciudad, este es  el único, junto al Arco Romano, que permanece en pie.
El reducido tamaño de su vano se debe a razones defensivas. Las puertas de las murallas eran las partes más vulnerables y cuanto menor era su vano más fácil era su defensa.
El origen de esta puerta, a pesar de su nombre, no es árabe. Sus cimientos son romanos y en lugar del arco apuntado de tipo gótico mudéjar,  que hoy vemos, pudo existir uno de medio punto o de herradura.
Esta puerta también recibe el nombre del Mercado, ya que era uno de los accesos más frecuentados a la villa, y por aquí se instalaban y exponían sus géneros los comerciantes en los días de mercado.

ERMITA BEATO JULIÁN DE SAN AGUSTÍN
La ermita del Beato Julián es una sencilla construcción levantada entre 1841 y 1845 a costa del Ayuntamiento y los vecinos de la villa de Medinaceli. Se edificó en el mismo lugar que ocupaba su casa natal y en el que previamente se había construido una pequeña capilla.
Se custodian aquí, los restos del Beato en un arca y un relicario de plata, donado por la familia ducal en 1826.
Lope de Vega escribió pensando en él, la comedia "El saber por no saber y la vida de San Julián de Alcalá de Henares".

COLEGIATA NTRA. SRA. DE LA ASUNCIÓN
Esta villa contaba a finales del siglo XV con doce parroquias, a buen seguro románicas, en torno a las que se repobló una vez reconquistada. El Duque solicitó al Vaticano la unión de todas las parroquiales en una sola, la de Santa María. Ésta se convertiría en Colegiata, siendo el resto demolidas y todas sus rentas agrupadas en ella.
Estamos ante un edificio de estilo gótico tardío.
Tras la reja del Altar Mayor se expone una hermosa talla del Santísimo Cristo de Medinaceli del siglo XVI en madera policromada, donada por los Duques y muy venerada en la localidad.

PLAZA MAYOR
Esta amplia plaza castellana cerrada, porticada y de forma casi pentagonal, aparece escoltada por edificios notables.
En este espacio de equilibrio arquitectónico destacan dos edificios, la Casa del Concejo - Alhóndiga y el Palacio Ducal.
En esta Plaza todos los años el sábado más cercano al 13 de noviembre, se celebra uno de los ritos más ancestrales y singulares de la geografía hispana, el Toro Júbilo. Fiesta y rito atávico que vincula toro y fuego.

CASA DE CONCEJO, ALHÓNDIGA Y PALACIO DE LOS DUQUES DE MEDINACELI
La primera es una de las construcciones más singulares de la villa. En la planta alta se reunía el Concejo y la baja se destinaba a Alhóndiga, o lo que es lo mismo, almacén y centro de transacciones comerciales de grano y otros productos comestibles. Es una construcción del siglo XVI con dos plantas de arquería en su fachada exterior, ambas de cuatro arcos.
El Palacio de los Duques de Medinaceli, Bien de Interés Cultural desde 1979, ocupa el lado norte de la Plaza. Se trata de un edificio de estética renacentista construido entre los siglos XVI y XVII en base a los principios de simetría, sobriedad y elegancia.

BEATERIO DE SAN ROMÁN-SINAGOGA
Algunos historiadores ubican la mezquita de medina salim en este edificio, otros que fue la sinagoga por encontrarse en el barrio judío y posteriormente acogió una comunidad de monjas adineradas con flexibles normas de vida en comunidad. Y finalmente fueron jerónimas hasta la segunda mitad del siglo XX.
En el exterior la piedra es el material de su fábrica.

NEVERO MEDIEVAL
Ubicado en la zona norte de la localidad, posiblemente de época árabe se dedicaba al almacenamiento y conservación de la nieve en invierno, para su uso durante la estación cálida.

Oncala

Oncala

Oncala es un pueblo de montaña situado a 1.300 metros de altura. Destaca por sus casas de piedra.

Tiene dos museos. Uno es pastoril, en el que se refleja la actividad trashumante propia de épocas pasadas. El otro museo es de tapices  flamencos realizados sobre cartones de Rubens, que se encuentran en la iglesia.

También se celebra la Feria del Acebo en diciembre, para potenciar la venta de ese típico adorno tan navideño.

Ventosa de San Pedro

Ventosa de San Pedro

Ventosa de San Pedro es una pequeña localidad de 12 habitantes de las Tierras Altas de Soria, bañada por el río Ventosa, del cual toma el nombre. Como el resto de pueblos de la comarca, se caracteriza por una cultura pastoril. La trashumancia, como forma de vida, está muy presente en la gastronomía. El cordero es uno de los ingredientes estrella y se come en caldereta y las migas, acompañadas de chorizo y torrezno curado, es uno de los platos protagonistas de estas frías tierras.

Cuenta con una zona de hayedos, robledales y praderas donde fructifican numerosas especies de hongos, entre ellos, los níscalos, boletus o Setas de Pie Azul, que dan lugar a platos característicos de la zona.

Las edificaciones están agrupadas entre sí. La arquitectura de sus edificios se caracteriza por el empleo de piedra natural como material predominante, con callejuelas estrechas para proteger sus calles de los fríos vientos del norte. Las viviendas son elementales y sobrias, propias de una economía débil basada en la ganadería.

Como pueblo enclavado dentro de la ruta de las icnitas hay que destacar su yacimiento de San Roque situado junto a la ermita del mismo nombre y declarado Bien de Interés Cultural. Una réplica de iguanodón señala el lugar donde se observan las 18 huellas fosilizadas de un dinosaurio tridáctilo, perfectamente definidas.

Destaca también, por estar dentro del término de la localidad, el despoblado de Rabanera, declarado igualmente Bien de Interés Cultural. Se trata de un poblado de época celtibérica, caserío en época romana Alto y Bajo Imperial, y despoblado medieval. Del Hierro II conserva restos de un gran bastión habilitado en su interior que se proyecta en muralla hasta cerrar el flanco norte. Por su exterior un foso. Al norte de la muralla están las ruinas de la ermita medieval; junto a ella pasa una antigua calzada romana que atraviesa el hábitat medieval de este a oeste; su origen podría remontarse a época antigua.

Como edificios a destacar nos encontramos con el lavadero, que hasta la llegada del agua corriente a las casas, era uno de los lugares más concurridos del pueblo donde se acudía a coger agua para el consumo, abrevar las caballerías y lavar la ropa; la ermita situada en las eras, construida en 1818 con piedra, las paredes laterales, alargadas, forman un pórtico donde se halla la puerta de entrada con arco de medio punto apoyado en dos ménsulas; el horno comunal donde se hacía antiguamente el pan y las meriendas de matanza, hoy en día para la realización de asados y almuerzos.

Es muy importante la tradicional Fiesta de las Móndidas, antiguamente celebrada el día de la Trinidad y trasladada al 15 de agosto a causa de la despoblación. Fiesta típica de las Tierras Altas y que solo se conserva en cuatro pueblos, entre ellos en Ventosa de San Pedro. Las Móndidas rememoran a las sacerdotisas celtibéricas que hacían ofrendas de flores y frutos a los dioses. Actualmente se visten con mantones de colores rojos y amarillos, con sus cestaños de flores en la cabeza y acompañados de un mozo que porta un árbol adornado con frutos, cintas y roscos de pan (el mozo del ramo), recorren las calles del pueblo en procesión. Tras la ofrenda en la Iglesia, vuelven a la plaza donde tiene lugar la tradicional “Corrida del Rosco” donde el mozo con los roscos de pan del árbol corre y las Móndidas lo persiguen hasta hacerse con los roscos.

En definitiva, es un pueblo perdido en la comarca de las Tierras Altas de Soria, que ve pasar el tiempo esperando el día en que la última persona abandone su lucha y lo cierre con llave, esperando que el tan conocido fenómeno de la despoblación haga su efecto. La Ventosa tiene escaso pero interesante patrimonio histórico y cultural. Una historia tallada por gente humilde, agricultores y pastores, que han marcado la vida y el devenir del pueblo y que con sus manos, “a reo vecino”, han arreglado sus fuentes, lavaderos, calles, el horno comunal y demás edificios públicos para no convertirlo en ruinas y en un caído más. Su verdadera belleza reside en la lucha incesante de esa gente por mantener su pueblo en pie en aras de no caer en el olvido y que lo puedan conocer sus futuras generaciones.

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