El Pueblo más bello

Ágreda

Ágreda

La denominada Villa de las Tres Culturas se asienta en las faldas del Moncayo y, como él, hace de linde entre Castilla y Aragón. Ágreda fue deseada por castellanos, navarros y aragoneses, y constituyó un lugar de encuentro para la cultura árabe, judía y cristiana, cuya presencia y coexistencia quedó inmortalizada en muchas de sus calles.

Prueba de ello es el todavía llamado Barrio Moro (antigua morería) con sus arcos de herradura Emiral y Califal, la Sinagoga judía enclavada cerca de la iglesia románica de la Peña (actual museo comarcal de Arte Sacro), la multitud de iglesias de distintos estilos, los tres torreones defensivos, las murallas y sus múltiples puertas y arcos. De apreciar también serán las hermosas casas solariegas, vestigio de la herencia nobiliaria de otros siglos, y el palacio y jardín de los Castejones, majestuoso edificio renacentista edificado para hospedar a nobles y reyes.

Digna de mención y visita obligada, es la figura de Sor María de Jesús de Ágreda. Mística del s. XVII, gran escritora del Siglo de Oro, consejera del rey Felipe IV y evangelizadora de Nuevo México mediante el don de la bilocación. Su cuerpo incorrupto y su museo pueden visitarse en el Convento de la Concepción.

Y para relajar la mente y disfrute de los sentidos, agradable será el paseo por el Hayedo del Moncayo, el parque de la Dehesa (gran alineación de castaños de indias), el paseo del Puente Caña o por el paseo de los Molinos, donde se comprende a la perfección la estratégica ubicación de Ágreda.

Ubicación y población que no deja indiferente al viajero que se acerca a ella y que no puedes dejar de visitar. 

Almazán

Almazán

Por esta villa han pasado gentes y acontecimientos de todas las épocas: del primitivo lienzo árabe apenas quedan algunos cimientos y el significado del nombre de la villa, “La Fortificada”. Sin embargo, sí conserva los restos de un siglo XII cristiano afianzado en tres de las cuatro puertas (de Herreros, del Mercado y de la Villa).

Fue ciudad de avanzadilla, fue frontera primero entre el mundo árabe y el cristiano y después punto de litigio entre los reinos de Aragón y Castilla. Las batallas de unos y otros la convirtieron en espacio de choque y devastaciones: una ciudad que fue pasto de las disputas y sintió en sus carnes de límite las dentelladas de las luchas repetidas. Mora, cristiana, repoblada, sitiada, sometida, arrebatada... vivió su destino guerrero hasta un siglo XIV que trajo la llamada Paz de Almazán entre Aragón y Castilla, en una firma que traería un tiempo de privilegios y medidas protectoras para aquella villa con título de comunidad municipal en la que las armas habían luchado durante tanto tiempo.

Pero no fue sino de la mano de los Reyes Católicos cuando Almazán alcanzara un protagonismo histórico que conservaría hasta bien entrado el siglo XIX, prolongándose un tiempo de esplendores para la localidad poco acostumbrada a la tranquilidad. Convertida en Corte en numerosas ocasiones, fue residencia de la familia real repetidamente, viendo así desfilar por sus días una galería de monarcas e infantes que van desde Isabel y Fernando hasta Felipe II y III, pasando por el príncipe Juan y su esposa Margarita de Austria.

La convivencia, tensa o serena, impregnó sus huellas a las casonas, las iglesias y los palacios, cuya apretada presencia es el motor de su importante atractivo turístico.

El casco antiguo va ascendiendo por la colina hasta el Cerro del Cinto, donde una panorámica atrapa fotogramas perforados por la hermosura.

Para abrir boca en el recorrido adnamantino, nada mejor que empezar por una plaza Mayor que concentra arquitectura civil y religiosa. La Puerta de la Villa da la entrada a este bello recinto, donde el Palacio de los Hurtado Mendoza alza su imagen gótico-renacentista. Una de las alas del palacio alberga el Centro de Recepción de Visitantes, que da cobijo a un tríptico que se le atribuye a Memmling.  La iglesia de San Miguel ocupa una esquina de la plaza. 

Pero pasear por la villa es ir encontrándose de frente con los relicarios de la historia y el arte: un desfile con fuertes sabores medievales en el postigo de Santa María, nobles caserones en la calle de las Monjas, el Convento de las Clarisas, la iglesia barroca de San Pedro, la ermita de Jesús, los restos del convento mercedario donde muriera Tirso de Molina... y un pueblo salpicado de bares y restaurantes por el que saborear caza, codillo o cocido, entre algunos de los platos de esta tierra célebre por el dulce de sus yemas y paciencias.

Fue aquí donde nació el jesuita Diego Lainez, uno de los fundadores de la Compañía de Jesús y clérigo tan influyente como para rechazar ser Papa y suspender la sesión del Concilio de Trento si caía enfermo.

Es aquí, en esta villa capaz de aunar modernidad y tradición, donde se acomodan industria, artesanía, agricultura y ganadería, en tanto que no se olvidan costumbres tan ancestrales como el Zarrón, que cada 17 de mayo trae ritual antiguo durante las fiestas en honor a San Pascual Bailón. La fiesta viene a coincidir en el tiempo con la Feria Regional de Muestras, que empezó siendo agrícola y ha terminado por sumar artesanía, muebles, alimentación y ocio. Y si quiere intuir emociones, pida que le expliquen cómo arranca, el primer domingo de septiembre, la explosión de fervor y traca en la Bajada de Jesús.

Arcos de Jalón

Arcos de Jalón

En el suroeste de la provincia orientando las aguas que riegan sus tierras a la vertiente del Ebro, la localidad de Arcos toma el apellido de un río, el Jalón, que tiene sus fuentes a los pies del monte llamado Agudillo en la sierra Ministra, unos pocos kilómetros al sureste.

El Jalón llanea y se encaja encañonado entre Lodares y Somaén para entrar en Aragón convertido en uno de los tributarios que más aporta al río del que es gregario. Recorre geologías terciarias de suaves elevaciones y pequeños valles excavados por los ríos y arroyos de la zona, y alguna laguna estacional como la de Judes.

Dos espacios naturales incluidos en la Red Natura 2000 definen por el sur estas tierras de sabinas albares y páramos que recorre el GR 86: los Sabinares del Jalón y el Páramo de Layna, y entre ellos campos de cereal y pastizales habitados por pequeños mamíferos y aves esteparias, alguna de ellas de gran importancia ornitológica como la Alondra de Dupont.

Estamos en la vía natural de comunicación entre la meseta y el valle del Ebro transitada y elegida como lugar de asentamiento por los pobladores y culturas que a lo largo de la historia han habitado el norte peninsular y dejado su impronta y testimonio en esta región.

Se han identificado en el entorno yacimientos arqueológicos de grupos itinerantes o estables desde el Paleolítico hasta las culturas del Campaniforme, del Bronce y del Hierro. Arcobrigenses es el gentilicio de los vecinos de Arcos, que algo tuvieron que ver con la Arcobriga celtíbera, localizada a muy pocos kilómetros de aquí. 

Por este territorio discurría, siguiendo el valle del Jalón, la calzada romana XXIV del Itinerario de Antonio entre Emérita Augusta y Cesaraugusta.

Algunos hallazgos hablan de la presencia del mundo visigodo, formó parte de la Marca Media en época califal, tierras de frontera y cabalgadas del Cid y punta de lanza en el avance hacia el sur de los reinos cristianos y de sus lizas territoriales en La Raya. De ello nos habla un castillo enclavado en lo más elevado de la villa que incorpora en su fábrica hiladas de ladrillo entre la mampostería, y la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora que conserva entre sus muros rasgos estilísticos del Gótico, del Renacimiento y del Barroco.

Con la llegada del ferrocarril a finales del siglo XIX la localidad se convirtió en un importante punto de comunicaciones y depósito de locomotoras.  En la estación se conserva una de las escasas locomotoras de vapor fabricadas en España.

Covaleda

Covaleda

El término municipal de Covaleda se encuentra entre las estribaciones de la Sierra de Urbión y las de la Sierra de Resomo, dentro del partido judicial de Soria, en la comarca de la Sierra Norte de Pinares, provincia de Soria.

La altura media sobre el nivel del mar es de 1.214 metros y la distancia a la capital de provincia es de 50 kilómetros.

La superficie del término municipal es de 10.566 hectáreas y supone casi el 6,9% de la total de la zona de Pinares, que alcanza las 152.000 hectáreas.

La topografía del municipio es muy irregular, debido a que se encuentra entre dos sierras y al hecho de que lo atraviesa el río Duero de Noroeste a Sureste.

Es Covaleda pueblo próspero y bien cuidado, con construcciones recientes, pues sufrió un incendio a principios del siglo XX (año 1923) en el que desaparecieron casi todas las casonas antiguas. Está bañado por el Duero, cuyo paso es aprovechado por dos meritorios puentes, el de Soria y el de Santo Domingo, para unir sus orillas. En cuanto a la arquitectura local, destacar la iglesia gótica de San Quirico y Santa Julita.

Esta localidad pinariega abre un abanico infinito de sendas y rincones por los densos bosques y sierras que la circundan. Montes que esconden parajes como Ambas Cuerdas, Bocalprado, Tejeros o la Piedra Andadera a la que basta empujar con una mano para mover su tonelaje por una extraña ley física, así como el pino más grande de toda la comarca de pinares denominado Pino Rey que se encuentra en la senda de los abuelos del bosque, por la concentración de pinos milenarios que hay en esa zona.

El Burgo de Osma

El Burgo de Osma

Los orígenes de El Burgo de Osma se remontan al primitivo asentamiento arévaco de Uxama, enclave que, siglos después, sería sometido bajo la jurisdicción romana.

La formación del núcleo actual de El Burgo de Osma se fraguó a partir del año 1101, cuando el obispo Pedro de Bourges (San Pedro de Osma) eligió como sede catedralicia un monasterio ubicado junto al río Ucero, hecho que favoreció el florecimiento de un próspero burgo de comerciantes y artesanos. Esta situación privilegiada se prolongaría durante siglos, llegando en época renacentista a poseer un centro universitario.

El Burgo de Osma, antigua y monumental ciudad episcopal, se sitúa al pie del río Ucero y ofrece uno de los recintos medievales mejor conservados de toda la provincia soriana. No en vano, la ciudad ha sido declarada Conjunto Histórico-Artístico.

Plaza Mayor. Barroca del XVIII y de planta cuadrada alberga el magnífico edificio del Hospital de San Agustín en uno de sus extremos, en el otro la Casa Consistorial y en los lados típicas casas castellanas con soportales, es el centro neurálgico de la vida cultural y social de la villa burgense

Hospital de San Agustín. Finalizado en 1704 y bajo el mecenazgo del obispo Arevalo y Torres es declarado BIC con categoría de Monumento y hoy día centro cultural y sede de la Oficina de Turismo. El imponente edificio tiene dos  magníficas torres decoradas con escudos del donante y rematadas con chapiteles, su ornamentación de bolas, pirámides y rombos de sabor herreriano armoniza con el mejor barroco castellano.

Ayuntamiento. La Casa Consistorial reproduce el esquema estructural del hospital con humildad y sencillez. En el cuerpo central dos plantas de galería adintelada, la inferior con columnas toscanas procedentes del Ayuntamiento medieval. Las torres de tres cuerpos y los remates de las mismas con chapitel sencillo y en el centro reloj, campanillo y veleta quieren emular la hornacina de San Agustín del hospital frontero.

Calle Mayor porticada. Es la arteria principal de la villa que comunica dos espacios y aun cabría decir dos épocas distintas: la medieval Plaza de la Catedral con la dieciochesca Plaza Mayor. Es la principal calle comercial donde se sitúan los bares más típicos y aquellos mesones de inconfundible sabor castellano donde degustar las tapas más tradicionales acompañadas con los mejores vinos de nuestra Ribera de Duero.

Catedral. Además de su sorprendente monumentalidad hay dos cosas que nos impactan al contemplar por primera vez la seo burgense: la magnífica portada principal del mejor y más puro estilo gótico clásico y la imponente y majestuosa torre barroca. Una vez dentro tendremos tiempo para descurbir los tesoros artísticos de varios estilos que desde el románico más puro al más reciente neoclásico guarda con celo la catedral de Ntra. Sra. de la Asunción.

En esta localidad es posible degustar una suculenta gastronomía, que tiene en los productos típicos de la matanza sus mejores aliados. Para degustarlos, lo más aconsejable es acudir a las jornadas rito-gastronómicas de la matanza.

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El pueblo más bello 2018

Buscamos el pueblo más bello de Castilla y León por su belleza, su patrimonio, su cuidado en todas sus calles, fachadas y ornamentos.

El pueblo más bonito por aclamación.

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